Diseñamos y construimos productos de software con inteligencia artificial para colegios, academias y clubes formativos — sin apps que instalar, por el canal que tu comunidad ya usa, y con la evidencia detrás de cada decisión de diseño.
Construimos alrededor de lo que tu institución ya registra — un examen, un check-in, una planilla — no una plataforma genérica.
Una foto de examen, un check-in diario, un registro que ya se hace a mano — lo convertimos en un diagnóstico claro, por tema o por persona, sin pedir un dato nuevo.
Fichas, reportes y alertas entregados por WhatsApp — el mismo canal que la familia o el cuerpo técnico ya revisa a diario, sin cuenta nueva ni app que instalar.
Cada colegio, academia o club tiene su propio contexto. Construimos el producto alrededor de tus datos y tu proceso real, no al revés.
Entendemos qué datos ya generas — exámenes, check-ins, registros — y qué decisión necesitas tomar con ellos, a tiempo.
Construimos una versión que corre con datos reales desde la primera semana, probada en dispositivos reales — no una maqueta estática.
Lo probamos con un grupo pequeño, medimos qué pasa de verdad y ajustamos antes de escalar. Nada se presenta como garantizado sin evidencia propia primero.
En la primera conversación te contamos qué construiríamos, cuánto tomaría y cómo se trabajaría el pago — sin costo ni compromiso por esa conversación.
Si el proyecto toca datos de estudiantes o menores de edad, el consentimiento y el manejo de esos datos se diseñan desde el primer boceto, no se agregan al final.
Cada prototipo corre sobre decisiones técnicas concretas, ya probadas en los dos productos del portafolio — no promesas de arquitectura.
Primero se transcribe lo que el estudiante escribió, después se clasifica el error — dos pasadas de IA especializadas, no una sola inferencia genérica.
La IA no puede inventar categorías: solo clasifica dentro de un catálogo curado por materia y tema, auditable por el propio colegio.
Cada dato queda marcado como sugerido por IA o confirmado por un humano — a la familia nunca se le habla en tono de certeza sin esa distinción.
Integración directa con la API de Meta, sin plataformas intermediarias de terceros que agreguen costo o punto de falla.
Sin contraseñas que la familia deba recordar: cada enlace firmado expira y no se puede reutilizar.
Control explícito sobre cada consulta a la base de datos — nada de queries generadas a ciegas por una capa intermedia.
La lógica de negocio corre contra una suite de pruebas antes de cada cambio — no se valida a ojo en producción.
Cuando el producto mide algo humano — ánimo, esfuerzo, disfrute — usa escalas publicadas y citables, no cuestionarios inventados para la ocasión.
Estas son decisiones tomadas y documentadas en el desarrollo real de los dos prototipos de este portafolio, no una lista de tecnologías aspiracional.
Nada de maquetas de relleno: son productos funcionando hoy, construidos con IA, para un club deportivo y para colegios que necesitan reforzar a sus alumnos sin sumarle trabajo al docente.
Seis módulos activos hoy: bienestar emocional, carga de entrenamiento y desarrollo socioemocional de cada jugador en un solo panel, con instrumentos validados científicamente — no una intuición del entrenador.
Cada jugador registra en 20 segundos su ánimo, sueño y esfuerzo percibido (RPE) de la sesión, directo desde el celular.
La Directiva ve en un vistazo quién está en verde, ámbar o rojo: alerta temprana antes de una lesión o una baja de rendimiento.
Disfrute y cribado socioemocional con cuestionarios publicados y citables (Motl et al., 2001; Goodman, 2005), no encuestas inventadas.
Seis vistas por deportista y un reporte mensual con apoyo de IA, listo para compartir con cada familia.
El examen ya corregido dice exactamente qué tema falló — y qué error de método lo explica. PRO lee el procedimiento que el alumno escribió a mano, no solo la nota, y entrega diagnóstico, ficha y reporte mensual (para el docente y para la dirección) por WhatsApp.
Los padres suben la foto del examen corregido desde un link de WhatsApp, sin crear cuenta ni instalar nada.
Identifica el error de método que el alumno repite — como sumar fracciones sin igualar denominadores — con trazabilidad de si fue inferido por IA o confirmado por el docente.
Evidencia de antes y después construida con los propios exámenes del colegio, no una insignia inventada — solo cuando la mejora es real.
Patrones del aula para el docente y cifras con su base impresa al lado para la dirección — con respaldo científico (Hattie, 2009).
Hoy PRO diagnostica el examen ya resuelto. La pregunta que sigue es qué pasaría si esa misma capacidad de leer errores acompañara al alumno minuto a minuto, mientras resuelve — con una meta concreta por delante, como una competencia académica.
Un acompañamiento más intensivo que el diagnóstico por examen: corrección al momento, práctica infinita calibrada al error de cada alumno, y una meta clara — como un concurso de matemática o ciencias — como norte de cada sesión.
El error de método se detecta mientras el alumno todavía está resolviendo el problema, no días después al revisar el examen.
Problemas generados a la medida del error específico del alumno, en la cantidad que haga falta — no un banco fijo de ejercicios.
Cada sesión apunta a una meta concreta y medible, como una competencia académica — no ejercicios sueltos sin dirección.
Preguntas guía que empujan al alumno a razonar el siguiente paso, en vez de resolvérselo.
Antes de esto pasé por varios negocios propios —de la construcción a la avicultura, el retail y el desarrollo web—, y ahí aprendí lo que más uso hoy: leer rápido qué funciona de verdad, y pivotear sin apego cuando no. Eso es lo que persigo ahora con la IA en la educación: que en lugar de resolvérnoslo todo, nos ayude a pensar más lejos, a formar criterio propio y a atrevernos a más — una bicicleta para la mente.
Trabajas directo con quien diseña y construye tu producto — sin intermediarios ni account managers de por medio. Cada decisión, del diagnóstico al último detalle visual, pasa por la misma persona que te responde por WhatsApp.
Cuéntanos qué información ya registra tu institución — te mostramos, en una conversación breve, qué podríamos construir con ella.
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